lunes, 8 de julio de 2013

CONCEPTO DE SER VIVO

Si es objeto de estudio de la Biología son los seres vivos es lógico que comencemos por 
tratar de definir dicho objeto de estudio. Se suele definir un ser vivo como aquel que tiene una 
estructura compleja, se nutre, se relaciona y se reproduce. Sin embargo las definiciones breves 
como ésta suelen ser imprecisas y es preferible aproximarse al concepto de ser vivo
identificando una a una sus propiedades más sobresalientes. Esto es lo que haremos a 
continuación.
Los seres vivos están integrados por moléculas inanimadas. La ciencia moderna ha 
descartado o, mejor dicho, no considera dentro de su ámbito, la vieja doctrina vitalista, que 
sostenía que los seres vivos estaban dotados de una misteriosa "fuerza vital" de naturaleza no 
material (y por lo tanto espiritual) que les comunicaba el atributo de la vida. Cuando se 
examinan aisladamente las moléculas que forman parte de la materia viva, estas moléculas se 
ajustan a todas las leyes físicas y químicas que rigen el comportamiento de la materia inerte. Sin 
embargo, los organismos vivos poseen, además, unos atributos extraordinarios que no exhiben 
las simples acumulaciones de materia inanimada (por ejemplo las rocas o los océanos) y que 
resultan de la mutua interacción entre sus moléculas constituyentes. Examinemos ahora algunas 
de estas propiedades.
El atributo más sobresaliente de los seres vivos es, quizá, su complejidad y su alto 
grado de organización. Poseen estructuras internas intrincadas que contienen muchas clases de 
moléculas complejas. Se presentan, además, en una gran variedad de especies diferentes. Por el 
contrario, la materia inanimada de su entorno (el agua, el suelo, las rocas) está habitualmente 
constituida por mezclas fortuitas de compuestos químicos sencillos de escasa organización 
estructural. Si analizamos internamente al ser vivo más simple (un virus) comprobaríamos que 
presenta un grado de organización interna y una complejidad muy superior a la del mineral más 
complejo (pongamos por caso un feldespato).
En segundo lugar, cada una de las partes componentes de los seres vivos cumple un 
propósito o función específicos. Esto es cierto no sólo en lo referente a estructuras visibles 
(alas, ojos, flores, etc.) como a estructuras microscópicas (el núcleo o la membrana celular) o 
submicroscópicas (proteínas, azúcares, lípidos, etc.). En los organismos vivos es completamente 
legítimo (tiene sentido) preguntarse cuál es la función de una molécula determinada. En cambio, 
carece de sentido plantear dicha pregunta en relación con la materia inerte. No parecería lógico 
preguntarse cuál es la función del cuarzo en una roca granítica.
En tercer lugar, los organismos vivos presentan la capacidad de extraer y transformar la 
energía de su entorno a partir de materias primas sencillas, y de emplearla para edificar y 
mantener sus propias e intrincadas estructuras. A esta capacidad es a lo que llamamos 
nutrición. La materia inanimada no posee esta capacidad; de hecho, habitualmente se degrada a 
un estado más desordenado cuando absorbe energía externa, ya sea en forma de luz o de calor.
En cuarto lugar, los organismos vivos presentan la capacidad de recibir estímulos del 
exterior y de elaborar una respuesta ante los mismos, lo que llamamos función de relación. La 
materia inerte es incapaz de recibir estímulos y reaccionar ante ellos. A nadie se le ocurriría 
pensar que si golpea una roca con un martillo ésta va a "percibir" el golpe y mucho menos que 
va a "reaccionar" de alguna manera frente a él.
Pero el atributo más extraordinario de los seres vivos consiste es su capacidad de 
producir réplicas exactas de sí mismos, es decir, de dar lugar a otros organismos de 
características semejantes a ellos. Esta propiedad, la reproducción, puede considerarse la 
verdadera quintaesencia de la vida, ya que todos los demás atributos de los organismos vivos 
que hemos analizado tienen como objetivo último el de transmitir las características propias a 
otros organismos descendientes. En la materia inanimada no nos resulta familiar nada parecido: 
las rocas no dan lugar a otras rocas con la misma forma, tamaño y estructura interna, sino que, 
en ocasiones, simplemente se rompen en fragmentos de forma y tamaño aleatorios.

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